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3 de febrero de 2013

EL ESPIRITU Y LA MATERIA SEGÚN HERMES

Texto del “Corpus Hermeticum” de Hermes Trimegisto con una glosa de Raimon Arola. Del libro”Textos y glosas sobre el arte sagrado”
a) Texto de Hermes Trimegisto
El texto que presentamos es un fragmento del Corpus Hermeticum dedicado a Asclepio, el héroe y el dios de la medicina. Aparece después de un bello discurso sobre la creación del hombre y su relación con Dios y  que termina con la célebre profecía de Hermes sobre la destrucción de Egipto: “¡Oh Egipto, Egipto, no quedará de tu culto (el Arte sacerdotal) sino fábulas y tus hijos, más tarde, ni tan siquiera las creerán”.
–Respecto al tema del parentesco y la asociación que une a hombres y dioses, conoce pues, oh Asclepio, el poder y la fuerza del hombre. Igual que el Señor y Padre o, para darle su nombre más alto, Dios, es el creador de los dioses del cielo, así el hombre es el autor de los dioses que residen en los templos y se satisfacen con la vecindad humana: no sólo recibe la luz, sino que la da a su vez, no sólo progresa hacia Dios, sino que crea dioses. ¿Te admiras, Asclepio, o también tú estás falto de fe, como la mayoría?
–Estoy confundido, oh  Trimegisto; pero me rindo de buen grado a tus argumentos, y tengo al hombre por infinitamente dichoso, puesto que ha obtenido una tal felicidad.
–Cierto, merece que se le admire, aquél que es el más grande de todos los seres. Es una creencia universal que la raza de los dioses ha surgido de la parte más pura de la naturaleza y que sus signos visibles no son, por así decirlo, más que cabeza, en lugar y sitio del cuerpo entero. Pero las imágenes de los dioses que modela el hombre han sido formadas de dos naturalezas, de la divina que es más pura, infinitamente más divina, y de la que se halla más acá del hombre, quiero decir de la materia que ha servido para fabricarlos; además sus fi­guras no se limitan tan sólo a la cabeza, sino que poseen un cuerpo entero con todos sus miembros. Así, la huma­nidad, que siempre recuerda su naturaleza y su origen, lleva la imitación de la divinidad hasta el punto que, al igual a como el Padre y Señor ha dotado a los dioses de eternidad para que le fuesen semejantes, así el hombre modela sus propios dioses a semejanza de su imagen.
–¿Te refieres a las estatuas, oh  Trimegisto?
–Sí, las estatuas, Asclepio. ¡Mira cómo tú mismo careces de fe! Son estatuas provistas de alma, sentido, llenas de espíritu, y que realizan una infinidad de maravillas; estatuas que conocen el porvenir y lo predicen por sortilegios, inspiración profética, sueños u otros méto­dos, que envían a los hombres las enfermedades y los curan, que otorgan, según nuestros méritos, el dolor y la alegría. ¿Ignoras, pues, Asclepio, que Egipto es la imagen del cielo o, mejor dicho, el lugar donde se transfieren y proyectan aquí abajo todas las operaciones que gobier­nan y ponen en acción las fuerzas celestiales? Más aún, si hay que decir toda la verdad, nuestra tierra es el tem­plo del mundo entero.
b) Glosa de Raimon Arola al texto de Hermes Trimegisto
En este sorprendente texto encontramos algunos de los elementos fundamentales del Arte Sa­grado. El autor plantea que el Dios supremo crea a los dioses del cielo y que el hombre crea a los dioses de la tierra, a los que llama estatuas provistas de alma, senti­do y llenas de espíritu.
Estas estatuas no son ídolos, imágenes externas, sino las auténticas obras de arte, seres vivos realizados por el hombre; algo que sólo puede producirse cuando el hombre está asociado a Dios y coopera en su santa creación, cuando actúa al servicio de Dios.
Este profundo misterio parece ser el núcleo del Gran Arte que se ha transmiti­do de generación en generación. Este Arte está reser­vado para los justos que es­tán unidos a Dios. En el Talmud de Babilonia está escrito lo siguiente respecto a ellos: “Raba decía: Si los justos quisieran, serían capaces de crear un mundo, pues está escrito (Is 59-2): Porque vuestros pecados son la causa de separa­ción entre vosotros y vuestro Dios.” Así, el Arte del que nos habla Hermes Trimegisto pertenece solamente a los justos.
Lo más sorprendente del texto es la afirmación de que los dioses creados por el hombre son su­periores a los dioses del cielo, pues no se limitan tan sólo a la cabeza sino que poseen un cuerpo entero con todos sus miembros. Creemos que de tal afirmación debe entenderse que los dioses de la tierra poseen algo de lo que los dioses del cielo están desprovistos, siendo completos, con la misma gracia que los del cielo. Esta enseñanza se reencuentra en la tradición griega con el famoso juicio de París, cuando Afrodita (Venus) recibe la manzana destinada a la diosa más hermosa, la más perfectamente acabada, quedando aparte del pre­mio Hera y Atenea; escribe sobre ello Emmanuel d’Hooghvorst: Y ¿por qué sabemos que era la más hermosa? Porque poseía un cuerpo. La belleza del cuerpo es la perfección del Arte. ¿Se concibe un Arte sin cuerpo? Venus, por lo tanto, es la más perfecta entre las diosas (El hilo de Penélope I, p. 118). Varron da la etimolo­gía de Venus como la que liga o vincula (vincere) el cielo con la tierra (De Lingua Latina, libro V).
Todas las obras de arte, aún las profanas, se definen como la interrelación de la materia (obra) y el espíritu (arte), lo que viene de abajo con lo que viene de arriba, pero sólo la Obra de Arte sagrada es la que puede unir ambas partes en una totalidad; Louis Cattiaux escribió al respecto: “In­corporar el más alto espíritu con el cuerpo más bajo, y llevarlo a la perfección absoluta, es la obra de arte” (El Mensaje Reencontrado, 8, 32). El arte profano sólo puede unir los mundos intermedios en creaciones pasajeras, pues no conoce ni posee la secreta materia más baja, ni la gracia omnipotente del Dios más alto. Así el arte profano varía de contenidos y de formas a lo largo de la historia y según los individuos, ya que las uniones que puede realizar son parciales y diversas. Por el contrario, la obra sagrada es siempre una y la misma, no es perecedera, pues aquello que une no varía nunca. En la obra de arte sagrada el Dios creador, Padre y Señor, encuentra su reposo.
 enlace: http://www.arsgravis.com/?p=256

Jesús Miravalles Gil

12 de enero de 2013

TABLA CRONOLÓGICA HERMÉTICA


TABLA CRONOLÓGICA HERMÉTICA

2345-2180 a.C.

         Dinastías V y VI en el Imperio Antiguo Egipcio. Se escriben los Textos de las Pirámides, donde ya aparece el dios egipcio Thot.

2000-1000 a.C.

         Thot es, en el Egipto faraónico, un maestro de sabiduría e inventor de la escritura.

1000-332 a.C.

         El Thot egipcio se identifica con el dios Hermes griego.

240-50 a.C.

         Durante el periodo de reinado de los Ptolomeos, Thot/Hermes se convierte en el “tres veces grande”, llegando a ser Trismegistro en la época romana.

1-200

Época probable en la que se compusieron las diferentes obras que forman el Corpus Hermeticum, en griego. Algunos de los textos mágicos y astrológicos parecen ser más antiguos. Clemente de Alejandría describe en su obra la existencia de cuarenta y dos libros de Hermes, de los cuales treinta y seis contenían toda la filosofía de los egipcios y los seis restantes trataban de medicina.

150-300

         Se componen las obras alquímicas griegas más antiguas. Zósimo, el primer alquimista, escribe sus obras.

426

Agustín de Hipona cita la obra hermética “Asclepio”, en su versión latina.

529

         El emperador Justiniano cierra la Academia de Atenas. Sus filósofos son invitados por el emperador persa a residir en la ciudad de Harrán. Allí se fundará, ya en el siglo VIII, la primera universidad árabe, en la que serán invitados los últimos filósofos herméticos de Alejandría. Los sabeos de Harrán eligen como profeta a Hermes Trismegisto.

700-800

         Aparecen en árabe gran cantidad de obras de alquimia, atribuidas a un mítico autor, Yabir ibn Hayyan, conocido en Occidente como Geber. En este periodo aparece también la obra en árabe “El Secreto de la Creación”, del pseudo Balinas, en cuya parte final se encuentra la versión primitiva de “La tabla de Esmeralda”.

900

         Los filósofos bizantinos editan las primeras colecciones de los libros herméticos filosóficos. El bizantino Miguel Pselo, hacia el año 1000, parece conocer ya el Corpus Hermeticum en una forma semejante a la actual.

1130-1187

         Hermes desempeña un papel principal en el llamado “Renacimiento del siglo XII”. Primera época de la Escuela de traductores de Toledo: Juan Hispano, Domingo Gundisalvo y Gerardo de Cremona traducen multitud de obras de hermetismo, astrología y alquimia del árabe al latín. Hugo de Santalla traduce, en Tarazona, la tabla Esmeralda. Traducción el Libro de los veinticuatro filósofos.

1250-1400

         Florecimiento de la magia hermética en Occidente, proveniente en su mayoría de la tradición islámica: Picatrix, Sefer Raziel. Alberto Magno escribe la primera biografía de la magia: el Speculum Astronomiae. Roger Bacon escribe sus obras alquímicas Opes Minus Y Opes Tertium. Muchas obras herméticas son atribuidas al filósofo dominico Tomás de Aquino.

1458

El cardenal Besarión adquiere un códice griego del Corpus Hermeticum. Aproximadamente un año más tarde, Cosme de Medici consigue un segundo códice en Macedonia y encarga a Marsilio  Ficino, su hijo adoptivo, que dejara a Platón y se concentrara en traducir los libros de Hermes.  Ficino da a su traducción al latín el título de Pimander (Poimandres), el nombre de la misteriosa “mente universal” que supuestamente había revelado a Hermes Trismegistro la sabiduría divina,  que alcanza gran difusión.

1480

         Pico della Mirandola conoce a Elías del Medigo, que le da  a conocer las obras más importantes de la cábala. Poco después escribe sus 900 Tesis y su célebre Discurso sobre la dignidad del hombre.

1517

         Johannes Reuchlin, discípulo de Pico della Mirandola, publica El Arte Cabalístico.

1525

         Se publica “La Armonía del Mundo”, obra de Francisco Giorgi.

1526

         Cornelio Agrippa publica “La Vanidad de la Ciencia”, aunque ya ha escrito su obra principal “La Filosofía Oculta”, que no se editará hasta 1533.

1541

         Teofrasto Paracelso muere el 24 de Septiembre en Salzburgo. Sus seguidores lo ensalzan como el “Trismegistro alemán” y formulan la enseñanza del paracelsismo hermético.

1560

         Comienzos del “Resurgimiento del Paracelsismo”: las obras de Paracelso aparecen en gran  número en Basilea, Estrasburgo, Colonia, etc.

1564

         John Dee, poseedor de una amplia biblioteca hermética, publica su Monas Hieroglyphica, destinada a ejercer una gran influencia en el hermetismo posterior y los movimientos rosacruces.  

1576

         Rodolfo II de Praga, educado en España, es nombrado emperador. Mecenas de  las artes herméticas, astrológicas y alquímicas, su corte se convertirá en refugio y lugar de encuentro para numerosos estudiosos del hermetismo.

1595

         Heinrich Khunrath imprime en Hamburgo su obra Amphitheatrum Sapientaiae Aeternae.

1600
Giordano Bruno
         El filósofo Giordano Bruno es quemado en Roma, por sus propuestas mágico-herméticas o su “egípcianismo como religión”, basado en las enseñanzas de Hermes Trismegistro. El nolano, como así le gustaba llamarse no quiso retractarse de sus ideas ante la Inquisición. Por la siguiente afirmación fue hecho prisionero en Roma durante siete años y finalmente sentenciado. Algunos dicen que, con su muerte, acabó el renacimiento.
El Universo es infinito, Dios es el alma del Universo y las cosas materiales no son más que manifestaciones de un único principio infinito.
El hermetismo, considerado hasta entonces el origen primero de toda filosofía de la antigüedad occidental quedó olvidado y el mundo académico cerró las puertas a sus enseñanzas. Hasta que el siglo XIX Champollion, al traducir la piedra Rosseta, abrió la puerta que desvelaría los profundos conocimientos de la civilización egipcia y sus similitudes con las enseñanzas herméticas.
enlace: laescriba

HORUS

22 de diciembre de 2012

LA LEYENDA HERMÉTICA


Texto de Fabre du Bosquet sobre la transmisión del hermetismo y glosa de Raimon Arola. Del libro “Textos y glosas sobre el arte sagrado”
a) Texto de Fabre du Bosquet
Este texto procede de unas largas notas de la Concordance Mytho-Physico-Cabalo-Hermétique (Le Mercure Duphinois, Grenoble, 2002), un texto atribuido a Fabre du Bosquet. La primera de las notas apoya el siguiente fragmento que pertenece al prólogo: Todas las ficciones relatadas por Píndaro, Orfeo, Hornero, los egipcios, los griegos y los celtas, no son más que alegorías sacadas de la materia, de las manipula­ciones y los efectos que producía el Arte Sacerdotal. En la segun­da nota, el autor reconoce que sus expe­rimentos coinciden con la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto, a quien dedica la nota.
1. Al principio, la ciencia de la Naturaleza se conoció con el nombre de ciencia patriarcal y se la llamó luego ciencia o arte profética; los sacerdotes egipcios la designaron con el nombre de ciencia o arte sacerdotal; desde la dispersión de los sacerdotes egipcios y la des­trucción de los templos se la ha llamado siempre cien­cia o arte hermético. (p. 15)
2. La casa de Canaan vio surgir de su seno un hombre de una sabiduría consumada, llamado Adres o Hermes; fue el primero que instituyó escuelas, inventó las letras, las ciencias y las artes, y, entre las ciencias había una que no comunicó más que a sus sacerdotes, con la condición de que la guardaran para sí como un secreto inviola­ble. Les obligó bajo juramento a no divulgarla más que a quienes hubieran encontrado dignos de sucederles, después de someterlos a largas pruebas. Los reyes les prohi­bieron revelarla bajo pena de muerte. Alkandi y Gelaldinus mencionan al segundo Adris o Hermes, el apodado por excelencia Trimegisto y ambos au­tores se expresan así: “En los tiempos de Abraham vivía en Egipto Hermes o Adris segundo, que la paz esté con él; se le llamó Trismegisto porque era a la vez profeta, filósofo y rey; enseñó el arte de los metales, la alqui­mia, la ciencia de los números, la magia natural, la ciencia de los espíritus y fue la ciencia de la Naturaleza la que le llevó a todas las demás ciencias”.
Pitágoras, Empédocles, Arquelao el sacerdote, Só­crates, Platón, Aristóteles, Hipócrates, Demócrito etc., sacaron su ciencia de los escritos de Hermes, que les comunicaron los sacerdotes egipcios.
Eusebia declara expresamente, que, según Manetón, Hermes fue quien instituyó los jeroglíficos, los redujo a categorías y los reveló a los sacerdotes; Manetón, gran sacerdote, los explicó en secreto a Ptolomeo Filadelfo quien, aunque era muy comunicativo, sin embargo, jamás los reveló. Zósimo Panopolita, Ensebio, Sinesio aseguran que esta ciencia fue cultivada durante largo tiempo en Menfis. (…)
Los jeroglíficos eran considerados sagrados y se guardaban ocultos en los lugares más secretos de los Templos; sólo por la explicación de los jeroglíficos uno era iniciado en los conocimientos secretos de la Natura­leza y sólo se daban estas explicaciones en lo que se denominaba el Santuario y a los que se encontraba dignos de ellas por la amplitud de su talento y por su sabiduría. (…)
Moisés, iniciado en los misterios del sacerdocio egip­cio, fue, en su tiempo, quien más  profundizó en las cien­cias sublimes que habían redactado los dos Hermes. Penetró el sentido de los jeroglíficos y utilizó los mismos medios, a los que añadió las parábolas, para conservar y transmitir a la posteridad todas las ciencias que había adquirido. Filón, el judío, De vita Mosis (libr. I), relata que Moi­sés aprendió la filosofía simbólica o ciencia de la Naturaleza en Egipto.
San Clemente de Alejandría relata lo mismo respecto a Moi­sés y añade que los sacerdotes egipcios no enseñaban esta ciencia más que a los hijos de los reyes o a sus propios hijos.
Ramban, autor hebreo, asegura In Exordio Genesis que todo lo que contiene la ley de los judíos y de los hebreos está escrito en sentido alegórico y de un modo parabólico para ocultar al pueblo los secretos de la ciencia sublime de la Naturaleza.
Salomón consideraba los jeroglíficos, los proverbios, los enigmas y las parábolas como objetos dignos del estudio de un sabio. “El sabio se consagrará al estudio de los jeroglíficos y de las parábo­las, se esforzará en interpretar las ficciones y los enigmas de los antiguos, penetrará el sentido de las parábolas y discutirá los proverbios para descubrir la ciencia que se halla oculta en ellos”. (Pr, I)
Salomón prohibió a los sacerdotes ex­plicar el sentido de los jeroglíficos, de las parábolas, etc., sino era en los templos y a sus discípulos. Cada templo tenía una especie de colegio donde los jóvenes que habían demostrado buenas cos­tumbres ingresaban para ser instruidos en los principios del arte sacerdotal. Eran los llamados Levitas.
Hiram fue el gran sacerdote instituido por Salomón; antes de alcanzar el sacerdocio, es decir, el grado de maestro, había que pasar por dos grados, el de aprendiz y el de compañero. Los lugares donde los aprendices y los compañeros se reunían para ser instruidos no eran los mismos; en los templos se distinguían por dos columnas; en cada una de ellas se hallaba un asiento elevado para los sacerdotes bajo cuyo mandato se encontraban. (  …)
Pero, como en todos los tiempos, así como en todas las naciones, el número de hombres que ambicionan gloria y fortuna, sin desear los trabajos que conducen a una y otra, ha sido infinitamente mayor que el de los hombres estudiosos, sucedió que el gran sacerdote Hiram fue asesinado por los discípulos a quienes había negado con firmeza el grado de maestro. Los asesinos fueron castigados y los menos culpables fueron echados del Templo. Estos últimos, al no haber podido alcanzar el conocimiento de Dios por los conocimiento sublimes de la ciencia de la Naturaleza (llamada por los sabios: magia natural, de la que el pueblo poco instruido pronuncia el nombre con espanto, cujius sapientia est stultitia coram Deo) se entregaron al estudio de la nigromancia, llamada magia negra, que les facilitaron los magos y los falsos profetas.
Cuando Cambises, rey de Persia, arrasó Egipto, los sacerdotes se dispersaron; llevaron a Grecia el Arte sacerdotal encubierto bajo las ficciones de la Teología egipcia, a la que adaptaron todos los dioses del Paganismo. Transfor­maron a Isis y Osiris en Juno y Júpiter, en Venus y Marte, etc… En las Galias, con el nombre de druidas, edificaron templos, instituyeron escuelas como en Egipto y, para el pueblo, concibieron un culto emparentado con las divinidades egipcias y griegas bajo cuyo velo enseña­ban el arte misterioso a sus discípulos. Erigieron un templo a Isis en un pueblo llamado por corrupción Issi, situado a dos leguas de París. En efecto, era el lugar más apropiado para comenzar los trabajos que exigía la Filosofía hermética; habían alzado otro a Marte en la colina de Montmartre que tomó la etimología de su nombre Monte de Marte. Gracias a la elevación de su terreno lo destinaron a atraer el rocío celeste por medio del imán filosófico, preparado en el templo de Isis. (…)
Ramon Llull, célebre filósofo her­mético formó una escuela, según el modelo de las de los templos egipcios y las de los druidas, en la que enseñaba los grandes principios de la ciencia de la Naturaleza, a cuyos precep­tos añadió el conocimiento gradual de la materia y las manipulaciones que exigía cada gradación. Los últimos grados a los que llegaba la materia sólo eran enseñados en los lugares más secretos de su escuela y, únicamente, a los discípulos que, después de distinguirse por su aplicación y celo, se les juzgaba dignos de ser elevados al venerable grado de maestro. Después del ascenso a este grado eminente se les instruía ampliamente acerca del po­der al que las adaptaciones propias de la piedra filosofal podían elevarles.
Estas escuelas fueron el origen de las sociedades co­nocidas bajo el nombre de francmasonería; estas socieda­des deben su fundación a los aprendices y compañeros desaplicados que no pudieron alcanzar el grado de maestro y que, sin embargo, enorgullecidos por la cele­bridad de las escuelas de las que habían sido discípulos, intentaron formar nuevas escuelas, con el nombre de logias, en las que enseñaron bajo la sombra del misterio lo poco que su falta de atención les había permitido retener de las lecciones de su maestro; es decir, sólo pudieron enseñar las palabras, la corteza y la superficie de la ciencia sublime cuyo conocimiento no habían logrado alcanzar.
En la medida que estas logias se alejaron de su origen, se alejaron también del verdadero sentido que los primeros fundadores pudieron dar a ciertas palabras de las que no se tiene hoy ni la más ligera idea. Estas palabras, que ya no significan nada, se han conver­tido en sus secretos y lo que había sido instituido por los sacerdotes egipcios únicamente para formar a profetas y sa­bios y por Ramon Llull para formar a filósofos her­méticos, tal como en esta escuela lo fueron Ripley y Cristóbal obispo de París, se ha convertido hoy en un lugar de reunión donde sólo se ocupan de falsedades, de tonterías y, sobre todo, de banquetes suntuosos, en los que se pronuncian sin cesar palabras a las que no atribu­yen otro sentido que el de pan, vino y agua. Los golpes medidos que se dan no tienen otra significación que la que tiene el golpe del tambor que llama al orden o el cuidado que debe de tenerse con el mandato, etc. (pp. 34 y sigs.)

La leyenda hermética

b) Glosa de Raimon Arola al texto de Fabre du Bosquet
Este texto ilustra perfectamente el sentido tradicio­nal del arte sagrado; cuenta muy resumidamente la historia legendaria de la auténtica transmisión, desde los albores de la humanidad hasta nuestros días, una historia que muy poco tiene que ver con la llamada “oficial”, con sus aconteci­mientos políticos, sociales e institucionales que se estudia en los colegios. Lo que resume nuestro autor es la historia esotérica de Occi­dente, el desarrollo interior de la humanidad en el que sólo cuenta la relación del hombre con Dios y viceversa, por medio del arte o ciencia origi­nal. Se trata, en definitiva, la vera-historia transmitida de ge­neración en generación. Se repite la misma ope­ración, aunque con distintos nombres, sin perder nunca su vitalidad ya que cada vez es renovada. Cuando este arte no es renovado por un auténtico artista, se vuelve exotérico, participa de la historia generada por los hombres y aunque sus temas, sus obras de arte, o sus rituales hablen de la realidad interior y la representen, ésta ha dejado de existir, ya no forma parte de la historia verdadera
La historia del arte sagrado se oculta del mundo profano, no está sometida a ningún interés ni pasión. Hoy en día permanece ignorada y cada vez más olvidada. Pero para aquel que busca a Dios, la historia del arte sagrado es motivo de admiración y alabanza, éste nunca dejará de dar gracias a Dios por su revelación preciosa que ha generado y manifestado este Arte en este mundo.
El arte sagrado contiene en su seno el profundo misterio de la regeneración del hombre, del retorno a Dios después de la caída de nuestros primeros padres, por eso es inseparable de los misterios nucleares de todas las religiones y conocimientos auténticos. Respecto a su origen divino K. von Eckharthausen, en su obra La nube sobre el santuario, escribió lo siguiente: El hombre, antes de la caída, era el templo viviente de la divinidad; y, a partir del momento en que este templo fue devastado, el plan para reconstruirlo fue pro­yectado por la sabiduría de Dios, y en esta época co­mienzan los santos misterios de todas las religiones, que no son, en sí mismos, según mil motivos diferentes, se­gún el tiempo, las circunstancias y la manera de concebir de las naciones, más que las imágenes repetidas y modi­ficadas de una verdad única, y esta verdad es la regene­ración, la reunión del hombre con Dios. Antes de la caída el hombre era sabio, estaba unido a la sabiduría; después de la caída, fue separado de ella; de aquí que la revelación o la ciencia para recuperar esta unión con la sabiduría, le fuera necesaria.
Todo el arte sagrado occidental se precia de continuar las enseñanzas de Hermes Trimegisto,  a quien el tex­to de Fabre du Bosquet designa como el inventor de las artes y las ciencias,  que manifestó en el mundo la verdad de la revelación divina, por eso al arte sagrado occidental se le conoce como Arte Hermético. Un arte sellado y secreto, la fuente primera de donde beben todas las formas artísticas de la historia exterior, que tan sólo son la punta del iceberg del Gran Arte instituido por Hermes. El Arte sacerdotal de los antiguos egipcios que sabe y puede transmitir las bendiciones del cielo sobre la tierra, corporificándolas en una Obra imperecedera. Estaríamos hablando de un arte iniciático poseído sólo por aquel que conoce el centro se­creto de la creación, sin mezclas ni cortezas, sólo entonces puede producirse la auténtica “creación”. Al iniciado le pertenece la verdadera obra de arte, como las que ornaban las tumbas de los Faraones y que les acompañaban hasta la otra, la real, vida. Un arte extraordinario, pero oculto, sellado por múltiples puertas que ningún mortal podía apreciar. Riquezas indescriptibles, formas y ornamentos nunca superados, los siglos no pasan para su belleza, pero todo ello, escondido en la más profunda oscuridad. Este Arte, que es un reflejo del auténtico, sólo pertenecía al Faraón, el salvador de su reino, el único poseedor del KU: la facultad de hacer bajar la vida del cielo y dispensarla a todo su pueblo.
Enlace: arsgravis

HORUS

9 de diciembre de 2012

MENSAJE DE THOT: EL PROCESO DE ASCENSIÓN

PAZ, LUZ Y AMOR
 En mi Luz te llevo, en mi Amor te consuelo, en mi Paz te alimento.Hija Amada, aunque mucho tiempo llevamos caminando juntos, es necesario que todos tus hermanos sepan algo más de mi. Yo procedo de Atlantis, Maestro de Maestros, procedente a su vez, de los confines de vuestro universo y habitando posteriormente en Orión.
Vine a visitar este mundo como forma de ayudaros en su evolución.Fuimos muchos los que aquí estuvimos y fuimos muchos los que tuvimos que huir de nuestras casas y amados espacios de enseñanza y oración.Hubo tanto revuelo y tanto enfrentamiento con los que vinieron después a nosotros, que nada se pudo hacer. Pero yo permanecí, junto a otros, y nos repartimos por ese Amado Planeta, el cual ayudamos a evolucionar y, por tanto, vinculamos nuestra evolución y energía a él y vosotros.Tú y otros como tú, vinisteis con nosotros, formando parte del grupo de trabajo y también, como nosotros, tuvisteis que huir a otras tierras.
Tú, junto a mi y a otros, nos fuimos para Egipto, donde reconstruimos nuestros templos y residencias y volvimos a instaurar la civilización atlante, adaptada al lugar y al momento.Pero hoy vengo a ti para hablar del Proceso de Ascensión por el que estáis pasando.La Ascensión en sí no es más que trascender todas las Leyes propias de 3D para incorporar las de 5D; no es más que consigáis que vuestros cuerpos ya no enfermen como en 3D, que no sufran como en 3D, que vuestra alma se haya liberado de la vibración de ese plano de dolor y densidad y que pueda volar libre, lo que no implica que no podáis seguir disfrutando de los placeres y bellezas propios de ahí.La diferencia es la forma de vivenciarlo, de experimentarlo, de sentirlo, de compartirlo.
Vuestros corazones deben dar libertad y pedir libertad; deben saber perdonar y pedir perdón; deben saber amar sin condicionar, sin pedir, sin buscar, sin depender, sin todo aquello que bien sabéis, pues lo habéis experimentado tantas y tantas veces.El trabajo también implica superar otros aspectos propios de ese plano que lo domina todo, el miedo y la culpa, miedo a la pérdida en cualquier ámbito y vivir en la culpa por cualquier cosa.Deberéis encontrar vuestro lugar y desde él caminar, compartir, superar, dar, amar, perdonar, sentir, recibir y todo lo que pueda ser vivido desde un corazón puro y redimido.
Ya no más dolor, ya no más temor, ya no más culpa, ya no más dualidad, ya no más de todo lo que en la 3D os alimenta.Muy importante también es conectar y superar la dualidad propia del plano y no engañaros con palabras bonitas que os alejan de ella. Para superar la dualidad hay que meterse en ella, vivenciarla y transmutarla para así integrarla. Superar la dualidad es ser consecuentes con lo que se piensa, se siente y se hace.Que todo el ser vaya en la misma dirección con total transparencia, sin ocultarse tras la sombra de la ilusión o, peor aún, del auto-engaño ya que el engaño no existe… todo el que engaña, para protegerse o para ocultar sus verdaderas intenciones es a sí mismo a quien se está engañando, es a su ser a quien le está impidiendo realizar sus procesos de cambio y de transmutación interna para elevarse a los planos de ascensión.Por tanto, el proceso de ascensión consiste en elevarse a la Pureza y Transparencia del Ser Superior, es integrarse en el UNO que todos somos en esencia y caminar desde aquí en total integridad y honestidad, no siendo lo que de baja vibración se aproxime a vosotros, pues ya no forma parte de vosotros, Amados Míos.¿Complejo? Quizá, pero esto es Ascender.
Es el despertar de vuestro Maestro Interno, es el recuperar o alcanzar vuestra Maestría y caminar desde ella.¿Os animáis a ello? Todos los Maestros Ascendidos, Guías y Seres Angélicos, ya lo vivenciamos de una u otra forma, desde los correspondientes planos y experiencias y, por ello, entendemos lo que es y por lo que estáis pasando.Igualmente estamos ayudando a despertar a todos aquellos vehículos Angélicos y de Maestros que ahí estáis y que tendréis mediante este proceso ascensional que reconoceros y caminar cada uno desde vuestra frecuencia.Os animo Hijos Míos y espero que éste no sea ni el primero ni el último mensaje que pueda transmitiros.Mi Luz, Paz y Amor reine en vuestras almas- corazones siempre.TOTH, Maestro de Maestros, regente de la Llama de la Ascensión, llama blanca de Pureza Divina del Corazón de Dios.        Enlace: Arsgravis

HORUS

2 de diciembre de 2012

LOS DOCE ADEPTOS


   
Michael Maier en el libro “Symbola aureae mensae…”, 1617, propuso una especie de ordenación histórica de la alquimia, sin naturalmente querer determinar su historia real. Lo que este autor pretendió fue mostrar la cadena iniciática de los maestros de la alquimia que abarca desde Hermes Trimegisto hasta su tiempo. Maier agrupa las leyendas que se refieren a estos personajes para encontrar su enseñanza; el título completo de la obra de Maier es bastante elocuente: “Símbolos de la mesa áurea de las doce naciones. Es decir, la fiesta Hermética o de Mercurio, celebrada conjuntamente por doce héroes en virtud de la costumbre, la sabiduría y la autoridad del arte de la química, [...] para restituir a los Artistas el honor y la fama debidos a sus merecimientos; donde se demuestran la permanencia del Arte y su invicta veracidad.”
A fin de enseñar el auténtico sentido de la alquimia, Maier recogió el testimonio de doce adeptos, cada uno identificado con una nación y una tradición espiritual, que se sucedieron desde Hermes Trimegisto hasta Sendivogius (el personaje anónimo). Con emblemas que recreaban una historia imaginada, Maier enseñó que la unidad de todas las tradiciones se hallaba en el secreto de la realización alquímica, pues el hermetismo era considerado como el nudo mismo de la tradición, por eso se podía incorporar a todas sus manifestaciones, representadas por las diferentes religiones.
Las distintas escenas simbólicas que acompañan la representación de los doce sabios son distintas representaciones de la misma conjunción de dos partes para hacer la única obra alquímica.
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
Enlace: Arsgravis
HORUS

25 de noviembre de 2012

ALQUIMIA MUERTE Y RENACIMIENTO



El texto de este capítulo está ilustrado por una serie de seis imágenes que resumen el proceso de la Gran Obra (figura 66). El relato comienza con un personaje que describe su estado lamentable cuando, encerrado en una fosa, viejo y enfermo, su alma y su espíritu le abandonan. Después se presenta como un rey al que asesinarán sus enemigos y su cadáver será visitado por una turba de cuervos; sin embargo, volverá a renacer, perdonará a sus verdugos y los ennoblecerá por medio de su poder regenerado. Primero gracias a la fuerza de la luna y después a la del sol. Esta larga y extraña historia explica una vez más el proceso de muerte y resurrección que parece ser el fundamento de la obra alquímica, también llamada palingenesis o «nuevo nacimiento». Los alquimistas resumen esta serie de operaciones bajo la conocida divisa, solve et coagula, «disuelve y coagula». Una copia libre de la misma serie se encuentra en la Philosophia reformatade otro alquimista de la época llamado Johann Daniel Mylius. En esta copia, el autor denomina a cada una de las seis imágenes del modo siguiente: 1- nigredo, representada por la muerte del personaje principal. 2- conjunción, aludida por la figura del rey entre la rosa y el lirio. 3- mortificación, expresada por la masacre del rey. 4- putrefacción, que se representa por medio de las calaveras y los cuervos. 5- albificación,cuando aparece la luna. 6- Y rubificación, cuando aparece el sol coronando a los otros planetas.

Para aproximarse a la comprensión de las operaciones que antes hemos relatado es aconsejable releer el fragmento bíblico del sueño de Jacob (figura 67), que señala el lugar secreto donde empieza el proceso de la Gran Obra. El texto sagrado dice así: «Y [Jacob] llegó al lugar y se alojó allí, ya que el sol se ponía; cogió una de las piedras del lugar y la puso como cabecera y se acostó en este lugar. Y soñó: he aquí una escalera colocada sobre la tierra, y su cabeza llegaba hasta los cielos; y he aquí a los ángeles de Dios subiendo y bajando por ella. [...] Y Jacob se despertó de su sueño y dijo: ciertamente, el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Tuvo miedo y dijo: ¡qué temible es este lugar! Esto no es nada si no es la casa de Dios y la puerta de los cielos» (Génesis 28, 10ss).


Cuando Jacob se despierta, sobrecogido por el temor, conoce el fundamento secreto de la creación del mundo. La transmisión de dicho secreto se ha comparado a la propia filiación humana, de ahí que el culto a los ancestros estuviera tan extendido entre los antiguos. Ingentes tesoros acompañaban sus restos mortales, como la famosa máscara de Agamenón (figura 68). Al honrar las cenizas de sus ancestros, los antiguos adoraban al dios interior, que es la simiente de la vida nueva y pura. No es casualidad que el oro vulgar tuviera un lugar tan preponderante entre los objetos que adornaban las tumbas, puesto que es el hermano del «oro oculto de los filósofos». Bajo múltiples símbolos la alquimia revela qué es el nuevo nacimiento del que hablan los textos sagrados. De la semilla de un gallo nace otro gallo, dicen los alquimistas, del grano de trigo germina el trigo, así pues, de la semiente divina nace un dios. Los auténticos filósofos dan fe de que su Obra no es más que el crecimiento de dicha simiente. En los prolegómenos del mito de sucesión, la santa mitología de los griegos narra un pasaje cruel e incomprensible en el que Saturno castra a su padre, Cielo, y que éste, a su vez, es castrado por su hijo, Júpiter, siendo su miembro reproductor arrojado a la tierra. En los libros alquímicos (figura 69) se explica el significado de este relato fantástico; es un modo de enseñar cómo se trasmite la semilla divina a la tierra de los hombres o, dicho de otro modo, cómo el espíritu de los mundos busca fijarse y condensarse en un lugar, el «lugar terrible» que Jacob conoció gracias a su experiencia iniciática.

La leyenda del rey egipcio Osiris se refiere al mismo misterio. El hermano de Osiris, Tifón, cuyo corazón desbordaba envidia, decidió matar al rey para ocupar su lugar. Mediante un engaño lo encerró en un ataúd (figura 70), es decir, dio medida a lo inconmensurable, encerrando al alma del mundo en las tinieblas de la muerte. Cuando Basilio Valentín titula a la serie de grabados que analizamos, «La operación del misterio filosófico», se refiere a dónde y cómo puede encontrarse la semilla del oro celeste, enterrada en la estrechez y angustia del mundo caído a fin de que resucite y pueda, a su vez, ayudar a sus hermanos. Una insólita pintura de Schwabe (figura 71) invita a una doble lectura que puede ayudar en la comprensión de algunos detalles del misterio propuesto por Valentín. El cuadro se titula El dolor y, a primera vista, sugiere el sentimiento de dolor de una forma femenina que visita a sus muertos. No obstante, la composición de la pintura precisa de otra interpretación. La mujer camina por un lugar exageradamente estrecho, lo cual indicaría el lugar angosto de la encarnación. Tal es «el dolor»de los espíritus cuando adquieren un cuerpo en este bajo mundo. El sendero que sigue la mujer comienza junto a la luz celeste y desciende hasta las tumbas.
El texto de Valentín afirma que la desventura del anciano encerrado en la fosa es el primer paso para que «después de estas cosas [puedan poseerse] todos los tesoros del reino». Los tesoros del reino son los del reino de Plutón, el hermano de Júpiter que habitaba en el oscuro Hades, y cuyo nombre justamente significa «riqueza», por eso los espíritus desean encarnarse, para participar de esta riqueza. El mito más importante en el que interviene Plutón explica como éste raptó a su sobrina Perséfone para hacerla su esposa y habitara en su compañía en el templo de los infiernos (figura 72). Perséfone descendió al interior de la tierra y, gracias a la mediación de Zeus, salió de ella enriquecida, convertida en la diosa de la vegetación. Las semillas vegetales reproducen este proceso, puesto que no germinan si previamente no han sido soterradas y han sufrido la putrefacción. En la oscuridad del seno terrenal se enraíza la vida para crecer y dar frutos, tal parece ser la «operación del misterio filosófico». Evidentemente no se trata de una semilla de los mundos mixtos sino, como hemos visto, de la semilla divina. En términos de la cábala cristiana esta semilla es llamada «Ángel IAVE» y así es como William Blake nombró a la representación del sacerdote troyano, Laocoonte (figura 73). Según la antigua leyenda, éste sacerdote murió devorado por dos serpientes marinas, lo cual indica que la disolución es el paso previo al crecimiento de toda semilla como hemos explicado en la introducción general.
Un proverbio japonés dice: «Medianoche es la verdadera luz, el alba no es clara». El alba que perciben nuestros ojos exteriores, no muestra la luz verdadera que está oculta en la noche de ser. Cuando despierta ilumina con la luz pura y verdadera. En la tradición occidental se representa esta aurora filosófica por medio de un sol negro o de medianoche (figura 74). Por eso se celebra la Navidad, que es el nacimiento del Salvador, durante el solsticio de invierno; es decir, en la época del año que la noche es más larga. Del mismo modo que las semillas de las especies naturales germinan si son regadas, el «oro oculto de los filósofos» necesita del agua celeste para alzarse en medio de las tinieblas. Para recordar esta unión existe en la India la costumbre de poner un cántaro lleno de agua encima del linga de Shiva, que representa el falo generador del universo (figura 75); del cántaro cuelga una cuerda que se humedece con el agua del cántaro y va vertiendo poco a poco, gota a gota, agua sobre el falo. Sin la ayuda de la energía del cielo, el sol terrestre no podría germinar, por eso exclama: «Ayúdame y te ayudaré; es decir, ensánchame fuera de mi prisión, y si alguna vez consigues hacerme salir de ella, te haré dueño de la fortaleza en la que estoy. [...] Ayúdame a disolver y te ayudaré a congelar». (N. Valois, Los cinco libros)
Las dos serpientes que flanquean el caduceo de Mercurio (figura 76), representan el solve et coagula alquímicos. Primero la disolución o la muerte, después la coagulación o la resurrección; entonces es cuando, según Valentín, el rey-sol afirma: «de lo más bajo asciendo a lo más alto, la fuerza más baja de este mundo se une a la más alta». En la caligrafía japonesa (figura 77) está magistralmente sugerida la interrelación de lo más sutil con lo más pesado, de lo volátil con lo fijo. En todas las tradiciones espirituales se ha explicado con discreción el viaje iniciático por las tinieblas a fin de no confundirlo con experiencias de los mundos intermedios que sólo conducen a la disolución y jamás a la coagulación.
Como hemos dicho, «La operación del misterio filosófico» no difiere del crecimiento de un vegetal (figura 78), la diferencia está en la naturaleza de la semilla utilizada. Las formas creadas por genio artístico del arquitecto catalán, Antoni Gaudí, están tan llenas de fuerza, son tan vivas, que insinúan mejor que cualquier definición el despertar de la «semilla del oro» (figura 79).

Louis Cattiaux pintó varias versiones de una insólita crucifixión en la que el cuerpo está representado por un espacio vacío, delimitado por su silueta. La que aquí presentamos (figura 80) es una cruz y un árbol que crece a partir de tres raíces y que da siete frutos solares a un lado y siete frutos lunares al otro. La combinación del árbol-cruz con el sol y la luna que aparecen detrás forma la figura de mercurio. El mercurio filosófico emerge del mundo envilecido y muerto de la parte inferior gracias al influjo de una estrella. Sin representar la pasión, Cattiaux describe su verdadero misterio, del que brotará el árbol de la vida nueva.
Enlace: Revista Hermetismo

HORUS

3 de noviembre de 2012

AMULETOS

Se conoce sobre el uso de amuletos en todo el mundo, al parecer, derivado de una creencia antigua que indica que los mismos pueden proteger contra el mal; estos objetos parecen ir y venir con la moda, ya que varían en diseños y formas, pero siempre con el mismo propósito.
La palabra amuleto se deriva del latín amoletum, que significa “los medios de defensa”; se han descrito tres tipos principales de amuletos:
Los que ofrecen protección y suerte.
Los que proporcionan tratamiento preventivo a enfermedades.
Los que curan enfermedades.
Dependiendo de la cultura, los amuletos han adquirido varias formas dependiendo de la función que se les atribuía; por ejemplo, los egipcios portaban figuras de ojos para proteger la salud, y los árabes llevaban oraciones escritas en pequeños trozos de papel para conseguir el favor de Dios.
A través de la historia, se ha notado que los símbolos más utilizados para los amuletos son las figuras fálicas y los ojos. Se piensa que los ojos tienen la capacidad de alejar a los espíritus malévolos; en tanto que los símbolos fálicos, son los más usados para alejar el mal de ojo y/o promover la fertilidad.
Utilizar un nombre sagrado o números como amuleto, indica que se quiere lograr la protección y la suerte en general; asimismo, son utilizados para la invocación de espíritus.
La mayoría de las culturas señalan que sus libros sagrados (Biblia, Corán, Torah, etc.) poseen poderes protectores.
En la actualidad es muy común ver personas portando todo tipo de amuletos en forma de joyería, o como complemento de su vestimenta; con el principal propósito de la protección.
 Fuente:Planetaenigmatico

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