BLOG DEDICADO A LAS MENTES MAS DESPIERTAS E INCONFORMISTAS Y QUE OS AYUDARA A DESPERTAR....




19 de febrero de 2011

EL ASKLEPIOS

- Todo lo que se mueve, oh Asclepio, ¿No es verdad que se mueve en algo y es movido por algo?
- Mas bien que sí.
- ¿Y no es necesario también que aquello en lo que se mueve el móvil sea más grande que él?
- Necesario, sí.
- ¿Y el motor, o sea lo que lo mueve, es más fuerte que lo movido?
- Más fuerte, claro.
- ¿Y no es necesario que sean de naturalezas opuestas aquello en lo que se mueve el móvil y el móvil mismo?
- Absolutamente sí.
2- ¿Y este universo no es más grande que cualquier cuerpo?
- De acuerdo.
- ¿Y es pleno y compacto ? porque está lleno de muchos otros grandes cuerpos o, mas bien, de todos los cuerpos que existen.
- Así es.
- El universo ¿es un cuerpo?
- Sí.
- ¿Y se mueve?
3- Mas bien que sí.
- ¿Y de qué tamaño ha de ser el lugar en donde se mueve y de qué naturaleza? ¿No ha de ser mucho más grande a fin de que puede contener su continuo movimiento y no sea oprimido el móvil por la estrechez del espacio y se detenga?
- Debe ser algo inmensísimo, oh Trismegisto!.
4- ¿Y cuál será su naturaleza? La opuesta ¿no es así Asclepio? Ahora bien, la naturaleza opuesta al cuerpo es lo incorporal.
- De acuerdo.
- El lugar pues será incorporal, pero lo incorporal o es algo divino o es el Dios. Por "algo divino" no quiero decir aquí algo que haya pasado por la generación sino algo nunca engendrado.
5 Si decimos algo divino, tendrá que ser de la naturaleza de un ser, pero si ponemos el Dios será trascendental al ser. Y además será inteligible de la siguiente manera: El Dios es lo primero que nosotros entendemos, bien que no lo sea en sí mismo.
(Pues lo que puede entenderse pasa por los sentidos del que entiende, por donde el Dios en sí mismo no es objeto de pensamiento. En el Dios, el pensamiento coincide con lo pensado.
6 Pero en nosotros no es así, por eso sólo pensamos en él, pero no lo alcanzamos en sí mismo.)
Por lo tanto, si pensamos en el lugar, no lo hacemos en cuanto es un dios, sino en cuanto lo pensamos como lugar. Pero si lo pensamos como un dios, no lo pensamos como un lugar, sino como la energía capaz de contener al Todo. Todo lo que se mueve no lo hace en algo que se mueve sino en lo que está quieto: y también lo que mueve está quieto, porque es imposible que el motor se mueva juntamente con lo que mueve.
- Pero entonces, oh Trismegisto, ¿cómo es posible que aquí abajo las cosas que se mueven lo hacen juntamente con sus motores? Porque se dice que las esferas de las estrellas errantes son movidas por las esferas de las estrellas fijas.
- No se trata allí, oh Asclepio, de un movimiento conjunto, sino de un movimiento opuesto: no se mueven en forma similar sino en forma contraria. Y esta oposición tiene como apoyo un punto fijo que equilibra los movimientos.
7 En consecuencia, la resistencia de ese punto es quietud. Por tanto las estrellas errantes se mueven en forma contraria a las fijas .... Y no es posible de otra manera. Porque ¿acaso las dos Osas que tu ves que giran siempre en torno de un mismo punto y no tienen ocaso ni levante, piensas que se mueven o están quietas?
- ¡Se mueven, oh Trismegisto!.
- Y ¿con qué movimiento, oh Asclepio!
- Girando alrededor del mismo punto.
- Ahora bien, orbitar sobre un centro es moverse alrededor de un punto firmemente inmóvil. Por consiguiente "alrededor de un punto" excluye ... De allí que el movimiento contrario se detiene en un punto fijo permaneciendo estacionario por la contrariedad del movimiento.
8 Te daré un ejemplo de la Tierra palpable a simple vista: Observa cómo nadan los animales mortales, por ejemplo el hombre. El agua lo arrastra en dirección de la corriente, pero por la resistencia de piés y manos el hombre logra quedarse quieto y no ser arrastrado por la corriente.
- Este ejemplo es muy claro, Trismegisto!
- Todo movimiento pues se mueve en algo inmóvil y es movido por algo inmóvil. Así pues el movimiento del mundo y de todo ser vivo material no se realiza a partir de algo exterior al cuerpo, sino por causa interior y hacia afuera, es decir por los elementos inteligibles, sea que se trate del alma, del espíritu u otro elemento incorporal. Porque un cuerpo no mueve a un cuerpo animado, ni tampoco a ningún cuerpo, ni siquiera animado.
9- ¿Qué dices, Trismegisto? ¿No son cuerpos lo que mueven los maderas, las piedras y todas las demás cosas inanimadas?
- De ninguna manera, Asclepio: Lo que está dentro del cuerpo motor es lo inanimado, el cuerpo mismo no mueve a ambos, ni al que transporta y ni al transportado. Por donde lo inanimado no mueve a lo inanimado. Mira entonces cuán sobrecargada está el alma que tiene que mover sóla a dos cuerpos. Es evidente pues que lo que se mueve, se mueve en otra cosa y es movido por otra cosa.
10- ¿Y es en el vacío que tiene que moverse lo que se mueve, oh Trismegisto?
- Corrígete, Asclepio. No es vacío ninguno de los seres que existen en razón misma de su realidad: pues lo que es no podría ser lo que es si no estuviera lleno de realidad. Lo real pues nunca puede llegar a ser vacío.
- Pero ¿no hay cosas vacías, oh Trismegisto, como una jarra, un frasco, un tonel y otras cosas semejantes?
- Ay! que error terrible! Asclepio, creer que está vacío lo que está totalmente lleno y repleto!
11- ¿Qué dices Trismegisto?
- ¿No es un cuerpo el aire?
- Lo es.
- ¿Y este cuerpo no pasa a través de todos los seres y no los deja completamente llenos? ¿Acaso los cuerpos no están compuestos por los cuatro elementos? Todas las cosas, que tu llamas vacías, están llenas de aire: si de aire, también lo están de los cuatro elementos, y así llegamos a lo contrario de lo que tú decías, pues las cosas que tu llamas llenas todas están vacías de aire, pues su espacio está ocupado por otros cuerpos que no dejan lugar al aire. Las cosas que tu llamas vacías deberían llamarse huecas no vacías: llenas están de aire y espíritu.
12 - Lo que tu dices es innegable, Trismegisto. Dime ahora, ¿qué decimos del lugar en donde se mueve el Todo?
- Que es incorporal, Asclepio.
- Pero lo incorporal ¿que és?
- Una Inteligencia entera que enteramente se contiene, libre de todo cuerpo, infalible, impasible, inmóvil en sí misma, que contiene todos los seres y los conserva en su ser, cuyos rayos son el Bien, la Verdad, el arquetipo del Espíritu, el arquetipo del Alma.
- Pero entonces el Dios ¿qué es?
- El que no es ninguna de estas cosas, y además es la causa del ser de todas ellas y de cada uno de los seres en particular.
13 Porque no dejó ningún espacio al no ser, y todas las cosas provienen de los seres que existen y no de los que no existen: porque lo inexistente no tiene naturaleza como para llegar a la existencia ni para llegar a ser nada, y a su vez lo seres que existen no tienen naturaleza para dejar nunca de ser.
- ¿Qué quieres decir con "nunca dejar de ser"?
- El Dios no es inteligencia, sino la causa de que la inteligencia exista. No es espíritu sino causa de la existencia del espíritu. No es luz, sino causa de la existencia de la luz. Por donde el Dios debe ser venerado con esos dos nombres, que sólo a El le pertenecen y a ningún otro. Porque ninguno de los demás que se llaman dioses, ni ninguno de los hombres ni demonio alguno puede de manera alguna ser el Bien, sino sólo el Dios, que sólo es el Bien y no es ninguna otra cosa. Todos los demás seres son incapaces de contener la naturaleza del Bien: cuerpo son y alma, y no tienen lugar que pueda contener el Bien.
15 Tan grande es la grandeza del Bien como la realidad de todos los seres, corporales e incorporales, sensibles e inteligibles. He aquí el Bien, he aquí el Dios. No llames bueno a nadie ni a nada, porque es impío, ni des al Dios ningún otro nombre sino el único del Bien, lo contrario también es impío.
16 Ciertamente todos pronuncian el nombre del "Bien" pero no todos saben lo que es. Por éso tampoco saben lo que es el Dios, pero por ignorancia llaman buenos a los dioses y también a los hombres, cuando ni pueden ser buenos ni pueden jamás llegar a serlo: el Bien es lo que nunca se puede quitar al Dios y es inseparable de El, porque es el Dios mismo. Todos los demás dioses son honrados con el nombre de "dios": pero el Dios es el Bien, no porque así se lo honre, sino por naturaleza. Pues una es la naturaleza del Dios, el Bien, y ambos no son sino una sóla y única especie, de la que proceden las demás. Porque el Bien es el dador de todo y el que nada recibe. Y el Dios todo lo da y nada recibe. Por tanto el Dios es el Bien, y el Bien es el Dios.
17 El otro nombre del Dios es el de "el Padre", ahora a causa de que creó todas las cosas: el padre es el que crea. Así la gente sensata considera a la procreación de los hijos como la mayor función y la más sagrada, y piensa que es un gran infortunio e impiedad dejar la vida y no dejar hijos, y justamente un tal es entregado a los genios después de la muerte. Y ved cuál es el castigo: el alma del que no ha tenido hijos está condenada a entrar en el cuerpo de un ser que no tiene la naturaleza del varón ni de la mujer, lo que es execrable a los ojos del Sol. Por éso, Asclepio, guárdate de congratular al hombres sin hijos, más bien ténle piedad sabiendo el castigo que le espera.
Pues bien, basta por ahora, Asclepio, por lo que respecta a las enseñanzas preliminares sobre la naturaleza de las cosas.

Jesús Miravalles Gil

15 de febrero de 2011

EL POIMANDRES

El Poimandres
1Un día que había comenzado a meditar sobre los seres, y que mi pensamiento volaba en las alturas mientras mis sentidos corporales estaban atados como les ocurre a aquellos a los que vence un pesado sueño traído por exceso de alimento o por una gran fatiga del cuerpo, me pareció que ante mí se aparecía un ser inmenso, más allá de cualquier medida definible que, llamándome por mi nombre, me dijo: - ¿Qué es lo que quieres oír y ver, y aprender y conocer por el entendimiento? 
2 - ¿Quién eres?, le pregunté. - Yo soy Poimandrés, respondió, el Noûs (La Mente) de la Soberaneidad Absoluta. Sé lo que quieres y estoy contigo dondequiera.
3 Y yo dije: - Quiero ser instruido sobre los seres, comprender su naturaleza, conocer a Dios. ¡Cómo deseo saber!, dije. A su vez, me respondió: - Guarda bien en tu mente todo lo que quieres aprender y yo te enseñaré.  
4 Con estas palabras transformó su apariencia y todo se desveló instantáneamente ante mí, y contemplé una visión sin límites, todo vuelto luz, serena y alegre, y habiéndola visto, me quedé enamorado de ella. Y poco después, sobrevino una oscuridad terrorífica y sombría, que se dirigió hacia abajo enrollándose en espirales tortuosas, semejante a una serpiente según me pareció. Luego esta oscuridad se convirtió en una especie de naturaleza acuosa, agitada de una manera indecible, que exhalaba un humo como el que sale del fuego, y producía una especie de sonido, un gemido indescriptible. Después brotaba de ella la llamada de un grito inarticulado, tal que yo lo comparaba con el sonido del fuego, (El fuego de la Zarza de Moisés)
5 Al mismo tiempo que, saliendo de la luz, el Verbo santo vino a abrazar la Naturaleza, y un Fuego sin mezcla se lanzó fuera de la naturaleza acuosa hacia lo alto, hacia la región sublime; era ligero y vivo, y activo al mismo tiempo; y el Aire, siendo ligero [también], siguió al soplo ígneo, elevándose hacia el Fuego a partir de la Tierra y el Agua, de manera que parecía suspendido del Fuego. La Tierra y el Agua permanecían en su lugar, ambas íntimamente mezcladas entre sí, tanto, que no se distinguían: y eran incesantemente movidas bajo la acción del soplo del Verbo que se encontraba por encima de ellas, según el oído percibía. 
6 Entonces Poimandrés dice: - ¿Has comprendido lo que significa esta visión?, y yo: - Lo sabré. - Y él dice: esta luz soy yo,*1 Noûs, tu Dios, aquél que es antes de la naturaleza acuosa que se ha manifestado de la oscuridad*. En cuanto al Verbo luminoso salido del Noûs, es el hijo de Dios*2. - ¿Qué?, dije. - Aprende lo que quiero decirte de este modo: lo que en ti mira y comprende es el Verbo del Señor, y tu Noûs es Dios Padre; no están separados uno del otro, pues en su unión consiste la vida. - Te doy las gracias, dije. - Pues entonces fija tu espíritu en la luz y aprende a conocer esto. 
7 Con estas palabras él me miró de frente largo tiempo, tanto que temblé ante su aspecto. Después, cuando volvió a levantar su cabeza, yo vi en mi Noûs la luz, consistente en un número incalculable de Potencias que se tornaban un mundo sin límites, mientras el Fuego era envuelto por una fuerza todopoderosa y así, firmemente contenido, había fijado su posición. Esto fue lo que discerní en esta visión, animado por la palabra de Poimandrés (El buen Pastor).
8 Como sin embargo, estaba completamente fuera de mí, él me dijo nuevamente: - Has visto en el Noûs la forma Arquetípica, el pre principio anterior al comienzo sin fin; así me habló Poimandrés. - Ahora bien, ¿de dónde han surgido los elementos de la naturaleza?, dije. El respondió: - De la Voluntad de Dios, que, habiendo recibido en ella el Verbo y habiendo visto el hermoso mundo arquetípico, lo imitó, quedando modelada en un cosmos según sus propios elementos y su progenie, las almas (primera manifestación creativa de Dios) 
9 Pero el Noûs Dios, siendo andrógino, existiendo como vida y luz, procreó con su palabra un segundo Noûs demiurgo que, siendo dios del fuego y del aliento vital, moldeó Regentes, siete en número, que envuelven en sus círculos al mundo sensible; y su gobierno es llamado el Destino.  (Parece estar hablando de la segunda persona de la trinidad cristiana; El Hijo, El Verbo, El logos de Juan Evangelista).
UN GENESIS DETALLADO. 
10 Inmediatamente el Verbo de Dios se elevó fuera de los elementos que pesan hacia abajo, y se lanzó hacia esa pura región de la naturaleza que acababa de ser formada, se unió al Noûs demiurgo (pues era de la misma esencia) y, a causa de ello, los elementos inferiores de la naturaleza fueron abandonados a sí mismos desprovistos de razón, para no ser ya sino simple materia.  11 Sin embargo, el Noûs demiurgo, conjuntamente con el Verbo, conteniendo los círculos y haciéndolos girar con un zumbido, puso así en marcha el movimiento circular de sus criaturas, permitiéndoles cumplir su revolución desde un comienzo indeterminado hasta un fin ilimitado, pues él comienza donde se acaba. Y esta rotación de los círculos, (Los planetas) según el querer del Noûs, produjo, sacándolos de los elementos que pesan hacia lo bajo, animales sin razón (pues ya no retenían el Verbo en ellos), el aire produjo volátiles y el agua animales acuáticos. La tierra y el agua habían sido separadas una de otra*4, según el querer del Noûs, y la tierra hizo salir de su propio seno los animales que retenía en sí, cuadrúpedos y reptiles, bestias salvajes y domésticas.

Jesús Miravalles Gil

10 de febrero de 2011

LA TABLA ESMERALDA

 En  La Tabla de Esmeralda está condensado o resumido todo el arte de la Gran Obra, objetivo principal de la Alquimia.
La Alquimia es el arte del perfeccionamiento y la Gran Obra implica su cumplimiento, la perfección. La Tabla de Esmeralda contiene en sus pocas líneas el secreto de la Gran Obra, es un pasaje directo para la perfección.
Dicho mensaje es expresado de modo simbólico, su sola lectura no revela su significado. El acceso a la Gran Obra requiere trascender nuestra limitación racional, de ahí que todo alquimista conlleve una transmutación personal paralela que le permita acceder al lenguaje del Símbolo.
El Todo, el Uno, tan solo se expresa simbólicamente, siendo necesario el aprendizaje en la Hermeneútica del Símbolo. De no ser así, su sola simplicidad generará incredulidad. La Razón aguarda complejidad ante lo complejo, mientras el Uno, el Ouroboros, se descubre ante la simplicidad de otra lectura, de otro lenguaje. En definitiva, la expresión críptica de la Tabla no es intencional sino que requiere de la persona adecuada, capacitada para la Gran Obra.

La Tabla de Esmeralda ve reflejada su esencia en el fundamento ontológico último de la Filosofía, en la finalidad del Ser. Apercibido el ser humano de su carencia y limitación vitales, se provee de un acercamiento perpetuo a la posibilidad de lo trascendente, lo eterno. Eternidad en la búsqueda de lo absoluto, aquella respuesta que satisfaga lo limitante y abrace al Universo. Saciedad de la inconformidad terrenal a través del encuentro con la esencia del Uno, del Todo, para poder ingresar en él, para formar parte de él. En definitiva, llegar a Ser la Totalidad que yá se Es.
 LaLa Tabla e Esmeraldarecpadfinalidad es aquel que la entienda tiene el acceso directo al Todo, al Uno, al Universo.Tanto la  Ciencia como la Filosofía se originan vislumbrando en el horizonte la respuesta a la pregunta por el Uno, la Filosofía de la Ciencia tiene como propósito responder a dicha pregunta fundamental.bien Si la Tabla de Esmeralda conlleva una necesaria tendencia Holística ya olvidada en el transcurso de la historia, que contrasta con una marcada disociación en la metodología del saber contemporáneo, más fundamentada en una unidireccionalidad nihilista que en una integración de todos los opuestos de la existencia.
Este conocido texto hermético resulta ser unos de los mas enigmáticos, tanto por su contenido como por su procedencia. Existen varias versiones sobre su procedencia, la primera nos cuenta que fue Alejandro Magno quien encontró la tumba de Hermes y copió en una tablilla los signos que hallo en la esmeralda original que cubría el cuerpo de Hermes, dejando intacta la tumba y después borrando toda huella de acceso.
Otra leyenda explica que fue encontrada por Sara, la esposa de Abraham, en la tumba de Hermes, quien copiaría de esta gran esmeralda el texto de la tabla, esta ultima versión nos llega de boca de cabalistas.
Encontramos las mismas características en las dos leyendas, las dos fueron extraídas de la tumba de Hermes, y copiadas de una gran esmeralda que contenía unos pocos caracteres en jeroglífico.

Jesús Miravalles Gil
           

6 de febrero de 2011

HERMES TRISMEGISTO

 Hermes Trismegisto es considerado como el padre de la alquimia que ha tomado de él el nombre de "arte hermético", su origen se remonta al Egipto pre-faraónico, según Salomón el nombre de Hermes Trismegisto procede del griego y significa literalmente “mercurio tres veces grande”, o sustancia regida por tres principios celestes y tres sublunares unidos.
Hermes es un nombre genérico de muchos antiguos sabios griegos que trataron de filosofía y de alquimia. Hermes trismegisto es el nombre de Hermes o Thoth en su aspecto humano, como Dios es el más misterioso de los Dioses, como serpiente Hermes Thoth es la divina sabiduría creadora.
La Tabla de esmeralda, es un texto clásico atribuido a Hermes Trismegisto, filósofos, alquimistas y aun astrólogos han basado sus conocimientos en este importante legado del viejo mundo.
Clemente de Alejandría le atribuye 42 obras o tratados, desafortunadamente solo se conocen aparte de la Tabla esmeraldina, el Poemander o Pimandro y Asclepios o el Discurso de la Iniciación. Ambas obras tienen un alto valor iniciático En Pimandro Hermes recibe las enseñanzas de Pimandro, la conciencia superior o inteligencia soberana y divina.
“Lo primero que hay que hacer -dice Pimandro a su discípulo- es desgarrar esas vestiduras que te cubren, esos ropajes de ignorancia, principio y fundamento de la perversidad, cadena de la corrupción, cubierta tenebrosa, muerte viviente, cadáver sensible, sepulcro que contigo llevas, ladrón doméstico, enemigo en el amor, celoso en el odio. Tal es la vestidura del adversario que llevas sobre ti. Y te atrae hacia abajo, temiendo que la percepción de la verdad y del bien, le haga odiar. La maldad de tu enemigo y descubrir los traidores lazos que te tiende, obscureciendo a tu vista lo que os resulta a los demás claro, ahogándote en la materia, haciendo que te embriagues con infames voluptuosidades, todo en suma, para que nunca oigas lo que a tus oídos les conviene oír, y para que jamás veas lo que a tus ojos les conviene ver”.
En este texto se especifican doce imperfecciones que el discípulo se ha de desintegrar en el trabajo de la Gran Obra y estas son, en orden sucesivo: la ignorancia, la tristeza, la intemperancia, la concupiscencia, la injusticia, la avaricia, el error, la envidia, los procederes capciosos, la cólera, la temeridad y la maldad.
“Por la prisión de los sentidos, someten al hombre interior y le hacen esclavo de las pasiones. Poco a poco se alejan de quien Dios mira con ojos de piedad y he aquí en lo que consiste el modo y la razón de los renacimientos”.

Jesús Miravalles Gil

3 de febrero de 2011

LOS LIBROS DE HERMES TRISMEGISTOS


   Actualmente conocemos como Textos Herméticos una serie de traducciones de la época del Renacimiento, traducidas por Marsilio Ficino de 17 tratados escritos en griego, uno más llamado "Asclepios" o Esculapio. Otro escrito bastante conocido es el llamado como "La tabla Esmeraldina", aunque también existen otros textos como la "Antología" de Ioannes Stobaeus que también contiene tratados herméticos, algunos textos escritos por autores antiguos que tratan sobre filosofía y alquimia hermética.
Hermes afirma en sus enseñanzas que este conocimiento debe permanecer velado para el circulo exterior de la humanidad, pues "sólo cuando los oídos del discípulo están listos para oír, llega la voz del maestro a llenarlos con Sabiduría" y que es necesaria "la propia inspiración" de Hermes, para entender el significado oculto de sus enseñanzas y textos herméticos; Hermes nos dice:
"La mente se halla concentrada en Dios, el Dios que hay en tu interior. Graba esta Verdad en tu corazón y aparecerá por que le habrás dado entrada. Ejerce tu voluntad y le darás nacimiento. Subyaga tus sentidos, haz silencio y en ti brotará la divina palabra, a través de la cual, por el conocimiento propio, se logra la Vida y la Luz, y como consecuencia la Felicidad. Más antes conviene que te purifiques."
Esta misma afirmación la encontramos grabada en el templo de Delfos ( en griego significa útero o matriz), aunque de reducido tamaño es de gran importancia:
" Conócete a ti mismo y conocerás a los Dioses y al Universo entero en toda su creación "
Como ya sabemos, de todas sus obras únicamente han llegado hasta nosotros unos pocos textos del medievo y del Renacimiento (los más antiguos de los siglos XIV-XV), "El Poymandres" que consta de 17 tratados escritos en griego, y uno más conservado en latín llamado "Asclepios" o Esculapio.Estos tratados forman los Textos Herméticos, el "Corpus Hermeticum". La ausencia total de referencias al cristianismo nos demuestra que son traducciones fidedignas de textos griegos y respecto a sus traducciones del egipcio al griego no fueron ni anteriores al siglo III a.C. ni posteriores al siglo II d.C. Estos textos eran sobradamente conocidos en los primeros siglos del cristianismo, esto se puede afirmar con seguridad debido a la cantidad de referencias que existen en escritos posteriores pertenecientes a Jámblico, Lactancio, Clemente de Alejandría, Didimo "el ciego", san Cirilo, san Agustín...
Jámblico dice en su libro "Los misterios de Egipto", escrito sobre finales del siglo II d.C., que:
"....los libros que circulan hoy bajo el nombre de Hermes contienen la doctrina hermética, bien que el texto haga uso frecuente de expresiones filosóficas, precisamente porque fueron traducidos del egipcio por gente que no ignoraba la filosofía."
La pista de los libros se pierde desde el siglo VI d.C. hasta el siglo XI d.C., como si nunca hubieran existido. Se vuelve hablar de ellos en el periodo comprendido entre los siglos XI y XIV junto con otro texto muy interesante y bastante enigmático, " La tabla Esmeraldina". Están escritos de forma simbólica, y por lo tanto su comprensión resulta difícil si no se tiene conocimiento de simbolismo, ya que de otra manera nos arriesgamos a no comprender nada excepto algunos conocimientos sobre el mundo antiguo.
INTERESANTE PARTE DEL ASCLEPIO LLAMADA "LA PEQUEÑA APOCALIPSIS", DONDE SE HACE REFERENCIA AL FUTURO DE EGIPTO, EN LAS ÚLTIMAS 6 LÍNEAS PUEDE LEERSE LO SIGUIENTE:
"¿Acaso ignoras, oh! Asclepio: que Egipto es la imagen del cielo, el lugar donde se transfieren y descienden todas las cosas gobernadas y producidas desde el cielo?, Y para decirlo con toda verdad, nuestro país es el templo del mundo entero, pero no ignores que en un futuro parecerá que los egipcios han honrado en vano a los dioses..."
(CORPUS HERMETICUM)
TRADUCCIÓN DE UN TEXTO GRIEGO HECHA POR FICINO, 9 EDICIÓN. EDITADA Y ANOTADA POR UN PARISINO LLAMADO JACQUES LEFÈVRE D’ÉTAPLES. (AÑO1505)
TRADUCCIÓN AL ALEMÁN DEL "CORPUS HERMETICUM"
APARECIDA EN ÁMSTERDAM EN EL AÑO 1643
Un dato importante a conocer sobre las traducciones es la importancia de la fonética egipcia en la que estuvieron escritos "Los libros de Thot-Hermes", actualmente conocemos el significado de la escritura egipcia gracias a Champollion, pero desconocemos la fonética original de los jeroglíficos y sobre eso nos quiso advertir Hermes a través del Poymandres en su tratado nº XVI, dice lo siguiente:
" Ocurre que Hermes, mi Maestro, en sus frecuentes charlas a solas conmigo o en presencia de Tat, insistía en decir que para mis ocasionales lectores, mis libros serían de fácil y simple lectura, cuando por el contrario no lo son, y sus palabras tienen un sentido oculto.
Más aún decía, que cuando los griegos los tradujeran a su lengua se oscurecerán aún más, resultando una distorsión mayúscula del texto y una oscuridad total.
Expresado en la lengua patria este texto tiene un sentido claro: en efecto la propia calidad del sonido y del poder de la palabra egipcia incluyen las energías de lo que quieren decir."En este texto queda claro la gran importancia del sonido de las palabras egipcias, esto se comprende mejor estudiando "El principio de vibración" explicado en "El Kybalion" (tratado sobre la Filosofía Hermética).
Según la historia, aquellos libros Herméticos de la biblioteca de Alejandría nos hablaban de la fuerza del símbolo, del poder del mito, de la magia ritual, de la grandeza de los números y sus significados ocultos, de las fuerzas cósmicas en las estrellas y los planetas, de las piedras , del lenguaje secreto de la geometría, de la perfecta salud corporal, de los alimentos y la respiración, de la transmutación de los cuerpos y los metales...
 Los Textos Herméticos están escritos en una clave de interpretación simbólica escondida en sus palabras y frases, en las que debemos ser capaces de "desvelar" ese conocimiento oculto, ejercitando todo el conocimiento que hallamos adquirido-( siempre a poder ser de las fuentes originales o traducciones fidedignas)- sobre simbolismo, astrología, mitología, numerología, historia, filosofía... El que "poseemos" en nuestro interior, por que cuando la Sabiduría es revelada por nosotros mismos, desde dentro nuestro, ya no puede ser más "hermética" pues nos habrá sido revelada desde la "Esencia misma".

Jesús Miravalles Gil                                                fuente:rubies de sabiduria

31 de enero de 2011

LOS SIETE PRINCIPIOS HERMETICOS

Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par.»
                                                                                                                   
Los siete principios sobre los que se basa toda la Filosofía Hermética son los siguientes:
1. EL PRINCIPIO DE MENTALISMO.
2. EL PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
3. EL PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
4. EL PRINCIPIO DE POLARIDAD.
5. EL PRINCIPIO DE RITMO.
6. EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
7. EL PRINCIPIO DE GENERACIÓN.

«El TODO es Mente; el universo es mental.»

Este principio encierra la verdad de que «todo es mente». Explica que el TODO, que es la realidad sustancial que se oculta detrás de todas las manifestaciones y apariencias que conocemos bajo los nombres de «universo material», «fenómenos de la vida», «materia», «energía», etc., y en una palabra, todo cuanto es sensible a nuestros sentidos materiales, es espíritu, quien en sí mismo es incognoscible e indefinible, pero que puede ser considerado como una mente infinita, universal y viviente. Explica también que todo el mundo fenomenal o universo es una creación mental del TODO en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este principio, al establecer la naturaleza mental del universo, explica fácilmente los varios fenómenos mentales y psíquicos que tanto han preocupado la atención del público, y que sin tal explicación no son comprensibles y desafían toda hipótesis científica. La comprensión de este principio hermético de mentalismo habilita al individuo a realizar y conocer la ley que rige el universo mental, aplicándola a su bienestar y desarrollo. El estudiante de la Filosofía Hermética puede emplear conscientemente las grandes leyes mentales, en vez de usarlas por casualidad o ser usado por ellas. Con la clave maestra en su poder, el discípulo puede abrir las puertas del templo del conocimiento mental y psíquico y entrar en el mismo, libre e inteligentemente. Este principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el porqué todas estas están subordinadas al dominio de la mente. Uno de los antiguos Maestros escribió largo tiempo ha: «El que comprenda la verdad de que el universo es mental, está muy avanzado en el sendero de la maestría». Y estas palabras son tan verdad hoy en día como lo eran cuando fueron escritas. Sin esta clave maestra la maestría es imposible, y el estudiante que no la posea, en vano llamará a la puerta del Templo.

«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.»
Este principio encierra la verdad de que hay siempre una cierta correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida, y el antiquísimo axioma hermético se refiere precisamente a esto, y afirma: «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba», y la comprensión de este principio da una clave para resolver muchos de los más obscuros problemas y paradojas de los misteriosos secretos de la Naturaleza. Hay muchos planos que no conocemos, pero cuando aplicamos esa ley de correspondencia a ellos, mucho de lo que de otra manera nos sería incomprensible se hace claro a nuestra conciencia. Este principio es de aplicación universal en los diversos planos, mental, material o espiritual del Kosmos: es una ley universal. Los antiguos hermetistas consideraban este principio como uno de los más importantes auxiliares de la mente, por cuyo intermedio se puede descorrer el velo que oculta lo desconocido a nuestra vida. Su aplicación puede desgarrar un tanto el Velo de Isis, de tal manera que nos permita ver, aunque más no sea, algunos de los rasgos de la diosa. De igual manera que el comprender los principios de la geometría habilita al hombre para medir el diámetro, órbita y movimiento de las más lejanas estrellas, mientras permanece sentado en su observatorio, así también el conocimiento del principio de correspondencia habilita al hombre a razonar inteligentemente de lo conocido o lo desconocido; estudiando la mónada se llega a comprender al arcángel.


«Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.»

Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada permanece inmóvil, cosas ambas que confirma por su parte la ciencia moderna, y cada nuevo descubrimiento lo verifica y comprueba. Y, a pesar de todo, este principio hermético fue enunciado cientos de años ha por los Maestros del antiguo Egipto. Este principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los varios estados vibratorios. Desde el TODO, que es puro espíritu, hasta la más grosera forma de materia, todo está en vibración: cuanto más alta es esta, tanto más elevada es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita; tanto, que prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual manera que una rueda que gira rapidísimamente parece que está sin movimiento. Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densísima, cuya vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde el átomo y la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en vibración. Y esto es igualmente cierto en lo que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza (la que no es más que un determinado estado vibratorio), y a los planos mentales y espirituales. Una perfecta comprensión de este principio habilita al estudiante hermético a controlar sus propias vibraciones mentales, así como las de los demás. Los Maestros también emplean este principio para conquistar los fenómenos naturales. «El que comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder», ha dicho uno de los más antiguos escritores.

«Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.»
Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos, afirmaciones que son de otros tantos axiomas herméticos. Explica y dilucida las antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y que literalmente decían: «La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo sólo en grado»; «los opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en su gradación»; «los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan»; «todo es y no es al mismo tiempo», «toda verdad no es sino media verdad»; «toda verdad es medio falsa», etc. Este principio explica que en cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y que los «opuestos» no son, en realidad, sino los dos extremos de la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados entre ambos. El calor y el frío, aunque opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados de aquella. Mirad un termómetro y tratad de averiguar donde empieza el calor y donde termina el frío. No hay nada que sea calor absoluto en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y calor, diversos grados de la misma cosa, y que ésta se manifiesta en esos opuestos no es más que los polos de eso que se llama Calor, o sea la manifestación del principio de polaridad que nos ocupa. El mismo principio se manifiesta en la «luz» y la «oscuridad», las que, en resumen, no son sino la misma cosa, siendo ocasionada la diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia entre grande y pequeño? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre blanco y negro? ¿Cuál entre alto y bajo? ¿Cuál entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta paradoja. El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos, por ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente distintos aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos; tantos, que las palabras que nosotros usamos para designarlos, «agradable» y «desagradable», se esfuman una en la otra, hasta tal punto que muchas veces somos incapaces de afirmar si una cosa nos causa placer o disgusto. Todas no son más que gradaciones de una misma cosa, como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis sobre ello. Y aun más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los demás, lo que es considerado como lo más importante por los hermetistas. Muchos de los que leéis estas páginas habréis tenido experiencias en vosotros mismos y en los demás de la rápida e involuntaria transición del amor en odio y recíprocamente. Y ahora comprenderéis la posibilidad de efectuar esto por medio del poder de la voluntad, de acuerdo con las fórmulas herméticas. El «Bien» y el «Mal» no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de polaridad. En una palabra, el «arte de polarizar» se convierte en una fase de la alquimia mental, conocida y practicada por los antiguos y modernos Maestros herméticos. La perfecta comprensión de este principio capacita para cambiar la propia polaridad, así como la de los demás, si uno se toma el tiempo y estudia lo necesario para dominar este arte.


«Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.»
Este principio encierra la verdad de que todo se manifiesta en un determinado movimiento de ida y vuelta; un flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos polos que existen de acuerdo con el principio de polaridad, descrito un momento ha. Hay siempre una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso. Y esta ley rige para todo; soles, mundos, animales, mente, energía, materia. Esta ley lo mismo se manifiesta en la creación como en la destrucción de los mundos, en el progreso como en la decadencia de las naciones, en la vida, en las cosas todas, y, finalmente, en los estados mentales del hombre, y es con frecuencia a esto último que creen los hermetistas que este principio es el más importante. Los hermetistas han descubierto este principio, encontrándolo de aplicación universal, y han asimismo descubierto ciertos métodos para escapar a sus efectos, mediante el empleo de las fórmulas y métodos apropiados. Emplean para ello la ley mental de neutralización. No pueden anular el principio o impedir que opere, pero han aprendido a eludir sus efectos hasta un cierto grado, grado que depende del dominio que se tenga de dicho principio. Saben como usarlo, en vez de ser usados por él. En este y en otros parecidos métodos consiste la ciencia hermética. El Maestro se polariza a sí mismo en el punto donde desea quedarse, y entonces neutraliza la oscilación rítmica pendular que tendería a arrastrarlo hacia el otro polo. Todos los que han adquirido cierto grado de dominio sobre sí mismos ejecutan esto hasta cierto punto, consciente o inconscientemente, pero el Maestro lo efectúa conscientemente, y por el solo poder de su voluntad alcanza un grado tal de estabilidad y firmeza mental casi imposible de concebir por esa inmensa muchedumbre que va y viene en un continuado movimiento ondulatorio, impulsada por ese principio de ritmo. Este, así como el de la polaridad, ha sido cuidadosamente estudiado por los hermetistas, y los métodos de contrabalancearlos, neutralizarlos y emplearlos, forman una de las partes más importantes de la alquimia mental hermética.


«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley.»

Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y que todo ocurre conforme a la Ley.
La suerte es una palabra vana, y si bien existen muchos planos de causas y efectos, dominando los superiores a los inferiores, aun así ninguno escapa totalmente a la Ley. Los hermetistas conocen los medios y los métodos por los cuales se pude ascender más allá del plano ordinario de causas y efectos, hasta cierto grado, y alcanzando mentalmente el plano superior se convierten en causas en vez de efectos. Las muchedumbres se dejan llevar, arrastradas por el medio ambiente que las envuelve o por los deseos y voluntades de los demás, si éstos son superiores a las de ellas. La herencia, las sugestiones y otras múltiples causas externas las empujan como autómatas en el gran escenario de la vida. Pero los Maestros, habiendo alcanzado el plano superior, dominan sus modalidades, sus caracteres, sus cualidades y poderes, así como el medio ambiente que los rodea, convirtiéndose de esta manera en dirigentes, en vez de ser los dirigidos.
Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la vida, en vez de ser ellos los jugadores o los autómatas movidos por ajenas voluntades. Utilizan el principio, en vez de ser sus instrumentos. Los Maestros obedecen a la causalidad de los planos superiores en que se encuentran, pero prestan su colaboración para regular y regir en su propio plano. En lo dicho está condensado un valiosísimo conocimiento hermético: que el que sea capaz de leer entre líneas lo descubra, es nuestro deseo.

«La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos.»
Este principio encierra la verdad de que la generación se manifiesta en todo, estando siempre en acción los principios masculino y femenino. Esto es verdad, no solamente en el plano físico, sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico este principio se manifiesta como «sexo», y en los planos superiores toma formas más elevadas, pero el principio subsiste siempre el mismo. Ninguna creación física, mental o espiritual, es posible sin este principio. La comprensión del mismo ilumina muchos de los problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este principio creador obra siempre en el sentido de «generar», «regenerar» y «crear». Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos de este principio. Si deseáis conocer la filosofía de la creación, generación y regeneración mental y espiritual, debéis estudiar este principio hermético, pues él contiene la solución de muchos de los misterios de la vida. Os advertimos que este principio nada tiene que ver con las perniciosas y degradantes teorías, enseñanzas y prácticas, que se anuncian con llamativos títulos, las que no son más que una prostitución del gran principio natural de generación. Tales teorías y prácticas no son más que la resurrección de las antiguas doctrinas fálicas, que sólo pueden producir la ruina de la mente, del alma y del cuerpo, y la Filosofía Hermética siempre ha alcanzado su verbo de protesta contra esas licencias y perversiones de los principios naturales. Si lo que deseáis son tales enseñanzas, debéis irlas a buscar a otra parte: el hermetismo nada contiene sobre ellas. Para el puro todas las cosas son puras; para el ruin todas son ruines.

Jesús Miravalles Gil
                                  

26 de enero de 2011

EL HERMETISMO UNA ESCUELA PARA EL ALMA

 El Hermetismo, escuela que reúne conocimientos ocultos egipcios, se le atribuye a Hermes Trismegisto, postula básicamente la triada hermética, Dios, Cosmos y el hombre. El hombre es imagen del cosmos, y el cosmos es creado por Dios. Por lo tanto como se postula en la Tabla de la esmeralda de Hermes: “Como es Arriba es abajo, como es abajo es arriba“, somos a semejanza del cosmos, por lo tanto somos a semejanza de DIOS. El hombre debe acercarse a Dios mediante el pensamiento elevado o Nous, y el Logos, o Palabra, puesto que Dios creo el universo mediante el poder de la palabra, que es una manifestación del pensamiento creador. Enseña que DIOS es un principio Único.
La Alquimia, tiene orígenes que se pierden en la noche de los tiempos, y en los más diversos lugares del mundo, básicamente la alquimia es imitar el trabajo de la naturaleza, en el entendido de que en la naturaleza nada se pierde ni se crea, solo se transforma. El alquimista busca transmutar, trabajar con las fuerzas más sutiles de la naturaleza, mejorar lo existente. Simbólicamente, transformar metales viles en oro, que no es más que elevar nuestra esencia espiritual a planos superiores, siempre perfeccionándonos. De esta escuela surgen términos como la piedra filosofal, el disolvente universal, la anima mundi, la gran obra.
Para el mundo profano no es más que la persecución de riquezas materiales, de codicia, para los verdaderos iniciados representa transmutar la ordinaria materia en fuerza espiritual, transformar nuestro cuerpo y deseos materiales, en elevados espíritus que prescinden de todo materialismo.
La Cábala Hebrea, es una corriente de la mística judía, que pretende explicar el funcionamiento del universo, su pasado, su presente, su futuro, mediante el estudio del árbol de la vida, y de los primeros cinco libros de la biblia, el torá, buscando sus sentidos ocultos. Se dice que Dios la entregó al hombre en el principio de los tiempos, es por eso que Cabalá, significa “recibir”, o “clave”. En el sentido de un regalo de Dios, o las claves para entender el universo. Además que la cábala enseña los principios y leyes espirituales del universo, entendiendo y aplicando las cuales el iniciado tiene repercusión directa en su vida, alcanzando la paz y la alegría en el plano físico.
El esoterismo occidental, recibió un poderoso impulso y enriquecimiento con otras corrientes del lejano oriente. Con las cruzadas en tierra santa, se logró el conocimiento de filosofías y secretos que hoy son parte del esoterismo moderno, tales como los de la antigua Persia, y la vieja escuela hebrea.
Con la conquista de la India por el imperio británico, el mundo occidental se abrió al conocimiento Védico: yoga, tantra, kundalini, conceptos ampliamente difundidos, pero que a la vez guardan sus verdaderos secretos sólo a los iniciados.
Actualmente la corriente de la nueva era, nos inunda de un sincretismo sin par de filosofías, supuestos secretos, y conocimientos a medias, queriendo aparentar un todo, que no son más que retazos del gran conocimiento, sin profundizar en la verdad.
Sólo se revela la verdad a los iniciados, o dicho en las palabras del Rudyard Kipling, El Maestro aparece cuando el estudiante está listo.
                                                            Fuente:rubies de sabiduria.

Jesús Miravalles Gil

23 de enero de 2011

LA FILOSOFIA HERMÉTICA

  El concepto de transmutación mental que nos propone la filosofía hermética es una transmutación a conciencia del ser humano, de negativo a positivo, de lo malo a lo bueno, de “plomo” en “oro”, de ignorar a conocer, del odio al amor…
El cambio gradual de todo aquello que no nos agrada en nuestra forma de ser, que se determina a través del conocimiento, el auto conocimiento y una abertura de la conciencia.
Trabajando con los siete principios herméticos se pueden cambiar las circunstancias personales y las de su entorno. Puede atraer para sí lo que necesite, por el principio de correspondencia, agrupando lo similar con lo similar. Puede situarse en la vibración adecuada para transmutar, por ejemplo, pobreza en riqueza o enfermedad en salud, por el principio de vibración. Puede transmutar lo negativo en positivo por el principio de polaridad. Puede crear conscientemente el ritmo adecuado para romper un hábito perjudicial. Puede inundar su vida de efectos favorables si siembra buenas causas, por el principio de causa y efecto. Y puede, en fin, engendrar todos los proyectos que desee, a través del principio de generación.
Lo normal es que el hermetista tenga que operar para lograr un resultado con todos o casi todos estos principios. Utilizando estas leyes de forma correcta, el estudiante al tiempo que trabaja en un proyecto evolutivo superior puede ir logrando también cambios que mejoren su vida, su salud, su relación de pareja, su patrimonio y su éxito en la vida, ya que el adecuado uso de El Kybalion no tiene límites. Para todo aquel que tenga una genuina inquietud espiritual y que se pregunte dramáticamente por el sentido de la vida, El Kybalion señala el camino adecuado, un camino objetivo y seguro que se contrapone a las fantasías espirituales del seudo esoterismo en las que el hombre semi-hipnotizado sueña que evoluciona, pero sin transmutar su naturaleza animal.
El Hermetismo no es, por tanto, una filosofía al uso, sino la Ciencia Magistral del Universo, la Ciencia de todas las ciencias, la ciencia que despierta en el hombre sus capacidades mentales latentes y la que le enseña a vivir sabiamente por medio del correcto empleo de las leyes de la Naturaleza.
La Filosofía Hermética es una filosofía viviente, no es un mero saber, “sino que constituye, a la par que una enseñanza, un sistema cósmico de evolución; una puerta de escape que permite al ser humano trascender su condición animal para convertirse después de un largo camino en una especie diferente, que es el hombre estelar, criatura superior que representa el pináculo evolutivo del homo sapiens, a la vez que el inicio de un nuevo ciclo evolutivo en un nivel más elevado”.La Hermética es una filosofía para ser vivida y cuya práctica desarrolla integramente los siguientes aspectos:Espiritual, Mental, Emocional, Físico y social del ser humano. Es una filosofía constructiva, con sentido social, respetuasa de las leyes y con vocación humanista. La filosofía hermética te enseña el profundo conocimiento de la vida en sus múltiples manifestaciones del ser.

Muchas gracias por vuestro tiempo y hasta pronto.

Jesús Miravalles Gil

13 de enero de 2011

EL HOMBRE VITRUVIO

El Hombre de Vitruvio es un dibujo de Leonardo da Vinci, donde aparece un hombre cuyos miembros y cabeza forman una estrella de cinco puntas,un pentágrama, esta encerrado en un círculo y en un cuadrado.
El pentágrama es un símbolo que representa la unión de los cuatros elementos, tierra, agua, fuego y aire con un quinto, el espíritu; símbolo por lo tanto de la unión de la Tierra con el Universo, de lo humano con lo espiritual. Un conjunto armónico de los cinco elementos unidos eternamente por un vínculo sin principio, ni fin, que representa el universo, el todo; este símbolo no es otro que el Círculo, el Mandala Es una representación de la naturaleza en sí misma, compuesta por esos cinco elementos entrelazados; representa también la naturaleza del hombre como parte del todo, como representación microcósmica del macrocosmos, en la cabeza el espíritu y en cada miembro de su cuerpo un elemento.
El pentágrama se utilizó en Mesopotamia como símbolo de unión de lo finito más lo infinito.Lo usaron los templarios como marca verdadera de su orden; los hebreos, los pitagóricos, donde el pentágrama se asoció a con el Dodecaedro, el quinto sólido platónico que tiene cinco caras pentagonales; los cristianos, atribuyeron al pentágrama las cinco heridas de Cristo; se usó en el medievo como el "Nudo Interminable", un símbolo de verdad y protección.
De este modo  trabajaremos con este símbolo con miles de años de antigüedad, meditaremos con él, dejando que su energía se funda con nuestra propia energía, estableceremos un vínculo entre nuestro cuerpo físico y energético y dejaremos que sea nuestro propio inconsciente el que hable, diciéndonos qué parte de nosotros mismos debemos trabajar, plasmar en el Mandala, para así comprenderla, analizarla y así poder empezar a sanarla.

Jesús Miravalles Gil